Creo que no es muy injusto mi prejuicio respecto a las proyecciones intelectuales y sociales de nuestra pintarrajeada juventud actual. O más bien, mis temores deberían extenderse hacia mi generación y la que nos antecede. Hasta hace no mucho, yo tenía esperanzas de que la tontera, la indiferencia y la mediocridad era un mal que afectaba sólo a un porcentaje de la población y el resto sólo era malintencionada, o adinerada, o senil, o uniformada o perteneciente al hampa, y que aún así existía una masa silenciosa, sumisa pero consciente y con algo de sentido común.
Y resulta que, o se me pasó lo tonto a mí, o de a poco todo el resto se ha ido contagiando y ahora me doy cuenta de que cada vez se vuelve más dificultoso encontrar a alguien que sepa lo que pasa a su lado, que esté informado o al menos tenga una idea de qué sucede más allá de las oligofrénicas portadas de LUN.
Esta mañana regresaba en colectivo (ejem..) desde Viña hacia Valparaíso. Íbamos sólo el chofer, un pasajero a su lado y yo, en el asiento trasero, calladito. Al detenerse en el semáforo que está en Caleta Abarca, cerca del Miramar, oigo al pasajero exclamar irónico: "Ahí va el futuro de Chile...". Curioso, levanto la mirada, tratando de ver a qué se refería. Esperaba ver pasar a algunos pokemones, alguna pelea entre colegiales o algún lolo borracho, pero nada. Justo frente al colectivo unos tipos de traje elegante y dos sujetos más me impedían ver. El chofer tampoco parecía ver nada raro. "Ésos que van cruzando...", repite el pasajero. Sólo veo que uno de los otros dos tipos lleva una cámara de fotos con un tremendo teleobjetivo, y parecía acompañar a los pitucos... pero nada sospechoso como para argumentar tan sarcásticamente que son "el futuro de Chile". Ya habían cruzado cuando el pasajero, ya resignado a que no fuera comprendido dice.... "esos dos..."; entonces, por simple descarte, reparo en quién era el pituco más alto, el que iba más cerca de nuestro lado... "Ese es... ¡Kast!" exclamé.
Se trataba de José Antonio Kast, diputado UDI, rubio y pseudo beato candidato a la presidencia del ku-kux-klan... digo, del partido. El pasajero sonrió aliviado. Extrañado, imagino, de que alguien esté apenas enterado de la contingencia política, más aún cuando reconocí al otro pituco, de espaldas ya a nosotros: "¿Y va con Coloma? ¿no se supone que están peleados?". El senador Coloma y su cara de tonto es el otro candidato a la presidencia de la UDI, y junto con los escándalos por corrupción entre sus alcaldes, la pelea por la presidencia del partido es la otra gran polémica entre "esa gente".
Hace poco había escuchado a Kast en la radio, en donde con la suave prepotencia del pijecito que se cree santo argumentaba sobre el éxito de su campaña para prohibir la píldora del día después. Además, curiosamente, este ultraconservador miembro de esas típicas sectas católicas representa "un nuevo estilo" en la UDI, en contraposición al "añejo" estilo de Coloma, vinculado a los pro-homicidas tradicionales de la Dictadura. Si Ud. lee algo que no sean las páginas de fútbol ni las Últimas Noticias, sabrá que paradójicamente, esta contienda entre el futuro versus el pasado en la UDI representa algo así como la Inquisición versus la Dictadura. Si ése es el futuro me parece bastante siniestra la manera de renovarse de estos pechoños sádicos .
Los miraba alejarse de espaldas cuando entiendo que los otros dos tipos son el periodista y el fotógrafo, y que ese escalofrío que estaba sintiendo era un poco de indignación, un poco de impresión y un poco de ímpetu reprimido que me impedía bajar el vidrio y gritarles algo que nunca se me ocurrió.
El pasajero le preguntó al chofer: "¿Ud. cree que a ellos les importamos nosotros, o el país?", o algo así. El chofer, que aparentemente no tenía idea de quiénes eran, sólo dice lo típico: "Son todos estos tipos iguales, da lo mismo quién esté arriba". El pasajero comenzaría a decepcionarme cuando la conversación entre ellos deriva a temas como "estos todos tienen negocios entre ellos mismos" , "gane quien gane nosotros seguimos igual", y me decepcionó completamente al encontrarle la razón al colectivero cuando dijo "Si a uno no tiene que importarle nadie más. Sólo hay que preocuparse de uno mismo y de su familia". "Tal como lo hacen esos dos", respondo ante la indiferencia de mis interlocutores.
Hace unos días, en el The Clinic publicaban una encuesta: ¿quién era Allende?, le preguntaban a los "pingüinos". Algunos respondían que no estaban ni ahí, que ese no era asunto de ellos, otros descaradamente confesaban que sus preocupaciones eran bastante más mundanas. Sólo pasarlo bien.
Imagino que si a esa edad no usan su cerebro se les atrofiará. Después reclamarán que no hay oportunidades, luego que a los jóvenes no los escuchan y más tarde se quejarán de la cesantía, de las alzas, de que están igual, gane quien gane. ¿por qué deberían preocuparse por ellos, si a ellos no les preocupa nada?. Saben hasta el color favorito de Justin Timberlake y no tienen idea quién fue Allende, las pailonas. Se justifica si son niñas, pero... ¿qué porcentaje de veinteañeros sabe algo de política actual? No me refiero a que le guste, sólo que esté ligeramente informado. "Los políticos son todos iguales, gane quien gane y bla bla bla" me parece tan cómodo pa un colectivero que no quiere hablar del tema porque no lo domina como para el flojo que se cree antisistema y para el que quiere posar de intelectualoide superior. En el fondo, ignorancia: en estos tiempos, y para un amplio espectro, estar disconformes es una desastrosa muestra de conformismo: ¿no se encargan los medios de persuadirnos para ello, acaso?.
Que no le importe quién gana, eso no es lo importante: lo importante es que no le interese pero se sepa de memoria las últimas formaciones de la Selección, encuentre a Sergio Lagos irreverente, sienta tristeza por el accidente del General del Pueblo, se indigne por la delincuencia, critique la corrupción, la Argandoña es mala y la Bachelet se viste mal y, por sobre todo, que piense que todo ello se le ocurrió únicamente a Ud.
Allá ellos con sus problemas, el sistema binominal no nos afecta, la Dictadura pasó hace tiempo y hay que mira hacia el futuro, la Concertación gobierna y los políticos se eligen entre ellos, todos esos son mitos para algunos.
Si no tienen cabeza, nunca tendrán voz, nunca cambiarán nada, si comienzan a vivir vacíos y manipulables llegarán a adultos castrados y manipulados. ¿Alguien más siente que todo el mundo es igual?, ¿que pese a las garrafales diferencias de edad, tribu urbana, estudios o profesiones, todos son iguales?, ¿como si sin darnos cuenta de a poco el país entero se volvió zombie? Fíjense bien. Es mucha coincidencia que, aunque en sentidos opuestos, todos piensen lo mismo. O "crean que piensan por sí mismos" lo mismo. Es cosa de escarbar un poco, mirarlos más en profundidad: tanto en el reggaetón del lumpen que quema los basureros como detrás de esos lentes de acetato y esa pose de los pseudo intelectuales, la ignorancia se ve, evidente o camuflada. El vacío descarado del pokemón y el vacío maquillado del esnob. El que se sabe el último escándalo de la Pamela Díaz o el que latea hasta el sosiego con la poesía no tiene idea de lo que sucede a su lado. Da lo mismo. Porque el tema es aburrido, porque no leo los diarios, porque el Mercurio miente o por el motivo que sea, el pensamiento es el mismo. Y es contagioso. Es cosa de juntar a dos tipos opuestos en un colectivo y enfrentarlos directamente a la contingencia.
¡Sálvese quien pueda..!!!
(no me refiero a SQP... ¡zombie!)
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